John Dewey: Teoría de la valoración

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Durante las primeras décadas del siglo XX, positivistas y pragmatistas compartían la idea de que la ciencia era el único modelo de racionalidad. Ambas posiciones declaraban su fe en el método empírico como la única herramienta capaz de producir conocimiento significativo. Para los positivistas, lo anterior exigía una clara demarcación entre juicios de hechossusceptibles de contestación experimental, y juicios de valormeras interjecciones emotivas sin contenido objetivo. Es en este contexto donde aparece la Teoría de la valoración de Dewey, publicada en 1939 en la International encyclopedia of unified science; v. 2, no. 4. Esta publicación desafía al positivismo acérrimo y aboga por una ampliación en el modo de considerar científicamente nuestras acciones y valoraciones.

Asumiendo el importante rol que tuvo el positivismo en el tratamiento de las dificultades producidas por la incorporación de presupuestos metafísicos en la teoría de la valoración, Dewey sostiene que la posición tomada por estos no ayuda a avanzar en el terreo de las ciencias humanas. Es por esta razón que en su Teoría de la valoración ofrece un modo de superar la distinción analítica entre hecho y valor, distinción que impedía aceptar la posibilidad de una ciencia de los valores. Para ello, el autor muestra con claridad que los juicios de valor pueden considerarse como juicios empíricos, es decir, como juicios capaces de sortear test experimentales del mismo modo como ocurre en las otras ciencias. La razón de lo anterior es que para Dewey «Las valoraciones son pautas de comportamiento empíricamente observables, y pueden ser estudiadas como tales» (p. 124).

Para desarrollar su teoría, Dewey construye una obra que se puede dividir en dos partes. En la primera de ella, compuesta por los capítulos I al VI, el autor propone aclarar «la confusión que aqueja al debate actual sobre el problema de la valoración» (p. 123). En este sentido, el capítulo que da inicio al libro tiene por objetivo ofrecer un repaso a la bibliografía actual sobre el tema. En esta revisión podemos encontrar posiciones que van desde que los valores no son sino «epítetos emocionales o meras interjecciones […] hasta la creencia de que ciertos valores racionales a priori, necesarios y normalizados, son los principios de los que depende la validez del arte, la ciencia y la moral» (p. 12). Ahora bien, estas diferencias de opinión no se dan en esferas científicas como la astronomía o la física, ya que en ellas no encontramos expresiones que podríamos considerar equivalentes a hechos o concepciones de valor [value-facts or conceptions]. 

Con este punto, Dewey quiere mostrar la ya tradicional distinción entre la ciencia natural y las actividades que se dedican a los «asuntos humanos» (p. 13), posición que parte de la base de que la ciencia como disciplina se refiere solo a cuestiones de hecho y no a cuestiones de valor1. Dado lo anterior, cabe preguntase si «son posibles las afirmaciones científicas sobre la dirección de la conducta humana, acerca de cualesquiera situaciones en la que entre la idea del debería; y, en caso afirmativo, de qué género son y en qué fundamento se sostiene» (p. 14). En este sentido, Dewey sostiene que la eliminación de las concepciones de valor de la ciencia de fenómenos no humanos es relativamente reciente (pdf), ya que los ideales de perfección así como la creencia de en la presencia de fines en la naturaleza era una opinión bastante común hasta el siglo XVII. En aquella época, sostiene el autor, no había necesidad ni lugar para ningún problema de valoración por separado, porque lo que ahora se llaman valores se entendían como algo incorporado íntegramente en la propia estructura del mundo. (ver más).

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